Los inicios
La Hermandad de la Santa Cruz se constituyó por un grupo de jóvenes albaceas de la Cofradía de la Pollinica. Inicialmente, corría el año 1980, se pretendía constituir una hermandad filial de la cofradía del Domingo de Ramos que sirviera para ofrecer a sus hermanos una propuesta complementaria a la procesión infantil, de corte mas serio, más rigurosa.
La primera candidata para titular de la hermandad fue una Dolorosa que ofreció el profesor Agustín Clavijo. La imagen, además de antigua (del siglo XVIII) era de hornacina, es decir, de las que recibían culto privado en algún domicilio. La propia Hermandad sufragó la hechura de un candelero para la talla, que realizó el escultor Pedro Pérez Hidalgo. La Virgen fue vestida con nuevas ropas y expuesta en la iglesia de San Agustín, al pie del crucificado que aún recibe culto en el citado templo. Sin embargo, el desencuentro causado por la disposición que de la imagen hizo el profesor Clavijo para ser expuesta en el Museo Diocesano, obligaron a devolver la talla al mismo.
El proyecto inicial se aglutinó bajo la advocación del Cristo de la Humildad y Paciencia. De hecho, el propio Pedro Pérez Hidalgo realizó un boceto para un Cristo sedente, que nunca llegó a ejecutar, pues decidieron los hermanos de la incipiente congregación encargar la actual imagen de Nuestra Señora de los Dolores en su Amparo y Misericordia al imaginero sevillano Antonio Dubé de Luque. El mismo concluyó su trabajo a gusto de todos y realizó la entrega de la talla el día 19 de marzo de 1983.
En el ínterin, las relaciones con la Pollinica se habían deteriorado mucho, por lo que se decidió romper lazos y proseguir con el proyecto de manera independiente. Como quiera que la pro-hermandad poseía ya la imagen de su titular pero no tenía iglesia donde ponerla al culto, se le dio acomodo en la casa que un hermano poseía en la calle Ollerías de nuestra ciudad.
La juventud de los fundadores, que aún no alcanzaban la mayoría de edad, disuadía al Obispado de dar carta de naturaleza a la entidad. Afortunadamente, la incorporación de algunos adultos permitió que el interés de la fundación fuera tenido en cuenta por la autoridad eclesiástica, a la vez que la acogida que en la iglesia de San Felipe prestó su párroco, Isidro Rubiales, permitió encontrar una sede canónica. Sin embargo, la fundación tuvo lugar bajo la especial forma de asociación privada de files, novedosa figura del Código de Derecho Canónico, pero que limitaba a la corporación al culto privado.
Se inicia así en 1984, una etapa de consolidación del proyecto que, con reglas aprobadas por la autoridad eclesiástica, sede canónica y la imagen de la Virgen bendecida y expuesta al culto, a la que en breve se unió la de la Cruz, se iba a centrar en el culto interno y la práctica de la Caridad.
Retornando a los orígenes
La figura de la asociación privada de fieles había sido una solución pragmática para acceder a una legitimidad de todo punto necesaria. No obstante, los deseos de muchos de los hermanos no estaban colmados. Un nuevo cambio de rumbo se operó con el nombramiento de Manuel Navarro Maldonado como Presidente de la asociación en 1991, quien tenía como principal objetivo la celebración del culto con carácter público, especialmente la procesión.
Dicho y hecho: la Cuaresma de 1992 se caracterizó por la celebración de un triduo espacialmente solemne y al año siguiente, el Viernes de Dolores de 1993 se produjo la primera salida procesional de la Virgen en un piadoso rosario, acompañada por música de capilla.
No fue hasta 1995 cuando se alcanzó la anhelada erección de la Hermandad y la aprobación de sus reglas como asociación pública de fieles. Año tras año la Hermandad siguió celebrando la procesión por la feligresía de San Felipe Neri, en la noche del Viernes de Dolores. Hasta que en 2001 se acuerda el ingreso en la Agrupación de Cofradías y, consecuentemente, se empieza a realizar la procesión en la tarde-noche del Jueves Santo.
¿La madurez?
Las hermandades, como todas las instituciones sociales, se conforman por el acuerdo de voluntades, se forman por la suma de fuerzas a veces contradictorias. Por eso, es muy probable que, en mayor o menor medida, en el resultado de estos sumandos esté presente la personalidad de todos los que hemos colaborado a través de los años para hacer realidad este proyecto que es la Hermandad de la Santa Cruz. La Caridad como expresión de nuestra fe, el escrupuloso respeto en los actos de culto, la sincera piedad de nuestra procesión, la voluntad de expresar una humildad franciscana, el afán por conseguir una auténtica vivencia de Hermandad, no son patrimonio de nadie, sino herencia de todos los que la componemos.